22    Jul 20136 Comentarios

Reviviendo el pasado

Conversando con una amiga, me enteré que este fin de semana había hecho un paseo muy especial. No aguanté las ganas de pedirle que lo  comparta con todos nosotros, ya que sin duda motivará a muchos a hacer algo similar.

Le pedí que nos escribiera, como post de invitado, las cosas que más le gustaría resaltar de esta inolvidable experiencia y esto nos contó:

Meñe y Yeyo en el portal de la casa en Combarbalá

Como arqueóloga, siempre estoy reviviendo el pasado, pero un pasado lejano, de personas y culturas muy distintas a la mía. Por eso cuando mis tíos organizaron un paseo a Combarbalá, el pueblo de la IV región de Chile donde mis abuelos maternos vivieron sus primeros años de casados, me sumé al paseo familiar, con mis tíos, primos y por supuesto mis abuelos Mercedes y Germán como los protagonistas de la historia.

Ninguno de los descendientes conocíamos Combarbalá y la última vez que mis abuelos fueron, fue hace 50 años, y en ese medio siglo mi familia pasó de ser de una pareja de recién casados, a un familión de 6 hijos, 26 nietos y 9 bisnietos, 50 contando a los que se han ido agregando los Donoso.

La historia de los Donoso - Lagos comienza cuando se casaron mis abuelos y decidieron ir a vivir a Combarbalá para qué mi abuelo se hiciera cargo de la administración de una mina de cobre que tenía su suegro, mi bisabuelo. Por lo que contaba mi abuelo, el “Yeyo”, el viaje de Santiago a Combarbalá era de 12 horas, por unos caminos muy distintos al que hicimos nosotros. Sí bien el paisaje es precioso, no es fácil imaginarse el hacerlo en camión, por camino de tierra y por el triple del tiempo que nos demoramos nosotros.

Recorriendo las calles del pueblo, mis abuelos nos iban contando detalles de su vida en Combarbalá, dónde estaba el lugar donde compraban el pan, la iglesia donde iban a misa los domingos (que no pudimos ver por dentro porque estaba cerrada), el club social que ahora sólo tiene a 5 socios, hasta que llegamos a la calle Chacabuco, en el número 330, la “Meñe” y el “Yeyo” pararon de golpe y reconocieron su casa. De fachada continúa muy bien mantenida, parecía que el tiempo se había detenido.

Club Social de Combarbalá

Tocamos la puerta y abrió la señora Marina, quien no se asustó al ver a 15 desconocidos frente a su casa pidiéndoles que mis abuelos pudieran entrar a verla, ya que ésta había sido de ellos. A diferencia de lo que yo como ciudadana capitalina habría hecho, no sólo no llamó a la policía, sino que por el contrario, nos dejó entrar a todos.

Fue extraño entrar a la casa donde mi mamá, que ya no está con nosotros, vivió sus primeros años. Me la imaginaba dando sus primeros pasos o jugando en el patio, sé que todos pensábamos en ella en ese momento, pero nadie dijo nada, la emoción de todos y sobré todo de mis abuelos se notaba en los ojos, no era necesaria ninguna palabra.

Mi abuelo quería que conociéramos la mina San José que quedaba a las afueras del pueblo. Ayudados sólo por su memoria, nos adentramos por un camino de tierra sin ninguna señalética, hasta que llegamos al portón que cerraba el paso al camino de acceso a la mina, que por lo que nos contaron, ya no se está explotando porque se inundó. Esto mismo pasó en 1959, hecho que hizo que vendieran la mina y que los Donoso - Lagos se trasladaran a Santiago.

Fue una pena llegar hasta tan lejos y no poder conocer la mina que era lo que el Yeyo nos quería mostrar, sin embargo sus relatos y mirar la mina sobre el cerro de lejos, nos hizo imaginarnos cómo eran ellos de jóvenes, probablemente no muy distintos a como son ahora, siempre de la mano, todo el tiempo, eso no lo he visto en nadie más. Si están sentados uno al lado del otro o van caminando, van tomados de las manos, cariñosos, alegres y enamorados.

Reconozco que al principio no le tome el peso emotivo al paseo, pero al recorrer las calles del pueblo, escuchando a mis abuelos recordar sus primeros años de casados, me di cuenta que deberíamos estar agradecidos.

Todos almorzando

No deben ser muchos los que pueden decir que conocen las raíces de sus familias, contadas en vivo por sus protagonistas. Sé de gente que ha hecho viajes así cuando sus abuelos ya no están con ellos, buscando recordarlos o llenar los vacíos de sus historias. Nosotros tenemos la bendición de tener vivos a los fundadores de los Donoso - Lagos, de poder disfrutarlos día a día y de agradecerles que hayan formado una familia tan grande, linda y unida, que no importa que algunos vivan en el norte y otros en el extremo sur, siempre estamos conectados, apoyándonos y queriéndonos.

Gracias Meñe y Yeyo”.

Gracias FranPisca por tu buena disposición a querer compartir una historia tan importante con todos. Seguramente que tus palabras y la emoción con la que expusiste tus sensaciones, serán muy inspiradoras para todas aquellas personas que comienzan (o continúan) su investigación de historia familiar.

Comentarios (6) Trackbacks (0)
  1. Buenísimo!!! Felicitaciones !!!
  2. Sin duda una bonita y emocionante historia familiar. un abrazo.
  3. Muy lindo. Hay que honrar a los padres y abuelos en vida!
    Gracias Señor porque aún lo podemos hacer
  4. Gracias por sus comentarios. Ojalá este relato los motive a buscar la historia de sus raíces familiares.
  5. Que lindo recorrido!
    Mis abuelos son santiaguinos de toda la vida y mi abuela cada vez que recorre bellavista, recuerda sus primeros años y nos cuesta como era el lugar y todo.
    Gracias Fran por compartir!
  6. Muchísimas gracias a tod@s por sus comentarios! y en especial, gracias a Francisca por compartir esta increíble historia con nosotros!
    Un gran saludo!

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