El apellido de mi padre tiene 400 años de historia. Para celebrar sus 85 años, viajamos a Francia buscando sus raíces
- Por Anne Gebel ·


Hola, soy Anne Gebel. La historia que quiero contar es, en realidad, la de mi padre, Aloysius Dieudonné, y empieza por su apellido. Traducido, «Dieudonné» significa «dado por Dios». Mi padre cumple 85 años este año, y este apellido lo es todo para él. He conseguido rastrear su origen más de 400 años atrás, hasta el año 1590. Sin embargo, a medida que descubría más cosas, me quedaba cada vez más claro: esta búsqueda no me pertenece a mí. Pertenece a mi padre. Llegó un momento en el que recorrer ese camino a través del ordenador ya no era suficiente. Quería recorrerlo junto a él, hasta el lugar donde comenzó nuestra familia.

Quién es mi padre

Mi padre nació en 1941 en nuestro pueblo natal, Dörsdorf, como el menor de once hermanos. Nunca conoció a su propio padre, quien falleció en mayo de 1941, apenas unos meses antes de que mi padre naciera en octubre. Quizás esa sea una de las razones por las que la cuestión de sus orígenes le ha marcado tan profundamente a lo largo de su vida.
La suya ha sido una vida al servicio de los demás. Primero se formó como carpintero y, posteriormente, se recicló profesionalmente: primero como masajista y socorrista de piscina, y más tarde como fisioterapeuta deportivo. Trabajó por cuenta propia durante 26 años y fue entrenador del equipo de primera división del Rot-Weiß Hasborn durante casi 40 años. «El Rot-Weiß es mi alma», afirma, y se nota: no hay ninguna exageración en ello. A día de hoy —con casi 85 años— dirige el grupo de gimnasia para mayores de Dörsdorf, que él mismo fundó en 1987.
Y luego está la Cruz Roja. Es miembro desde 1956; este año se cumplen 70 años. Comenzó a los 14 como recaudador, pasó a ser tesorero, fundó el grupo local de la Juventud de la Cruz Roja en 1960 y fue su primer responsable —en aquel entonces con seis chicas, y en 1972 ya eran 33 jóvenes—. Más tarde, fue responsable de preparación y operaciones, así como el primer presidente de la asociación local de la Cruz Roja Alemana (DRK) en Dörsdorf durante 24 años. Hoy en día, es presidente honorario. Por su labor en la vida pública, recibió la medalla de honor de la ciudad de Lebach. Él solo comenta al respecto: “¡Todo fue un placer!”.
Su fe le ayuda en todo momento. Como católico que es, Dios ocupa un lugar importante en su vida. Cuando le preguntamos acerca de las diferentes formas de escribir su apellido, le resta importancia con una sonrisa: tanto si significa “Dios da” o “regalo divino”, todos somos hijos de Dios.
El comienzo de todo

Nuestra búsqueda empezó con un test de ADN. Como en 2015, MyHeritage estaba en todas partes y sentimos curiosidad: ¿de dónde venimos realmente? Poco a poco, casi toda la familia en casa se hizo la prueba. Cuando llegaron los resultados —un porcentaje de aquí, otro de allá—, me enganché al instante.
La curiosidad se convirtió en una pasión. Me hice miembro Premium y, sobre todo durante la pandemia del Coronavirus, me pasaba día y noche trabajando en el árbol genealógico. Revisé los antiguos libros sobre familias locales y los registros parroquiales, investigando cada rama por separado, descubriendo nuevas piezas del rompecabezas mediante las conexiones de MyHeritage. Cuando empiezas a hacerlo, resulta adictivo. Actualmente, nuestro árbol genealógico cuenta con casi 8.900 personas.
Un apellido que ha ido cambiando con el tiempo

Cuanto más atrás me remontaba, más fascinante se me hacía el apellido. A lo largo de los siglos, a veces se escribía con tilde y otras sin ella: Dieudonné o Dieudonne. Mi propio padre lo escribe sin tilde. Me explicó que la tilde sobre la “é” aparecía y desaparecía, dependiendo de si nuestro territorio pertenecía a Francia o a Alemania en ese momento: “Cuando se perdió la guerra y éramos franceses, la tilde estaba ahí. Y cuando pasamos a ser alemanes, desapareció»
Cuando era joven y necesitó su documento de identidad, en la oficina le comunicaron sin más explicaciones que ahora simplemente prescindían de la tilde: después de 17 años, su apellido era de repente diferente. Cabe mencionar que nuestros antepasados ya se habían establecido en Saarland en 1735; actualmente, ningún miembro de la familia habla francés. Lo que queda es el dialecto… y el apellido.
Un origen que no esperábamos

No nos esperábamos todo lo que encontramos. En nuestra línea familiar, nos topamos con Maria Theresia Karoline Oberthal, nacida en 1793 en Freisen: una mujer judía que más tarde se convirtió al catolicismo y se casó con un miembro de la familia Dieudonné. También se refleja esta parte de nuestro origen en los resultados de ADN, con un pequeño porcentaje de ascendencia judía ashkenazí. Es una pista que todavía me gustaría investigar, porque de momento hay muy poca información sobre ella. Pero son precisamente estos descubrimientos los que muestran cuántos caminos diferentes convergen en un mismo apellido.
Cómo surgió la idea del regalo

Como sé lo mucho que significan para mi padre su nombre y sus orígenes, quería regalarle algo muy especial por su cumpleaños número 85: algo que no fuera solo otro viaje, sino algo único para él. Mientras estaba sentada frente al árbol genealógico, se me ocurrió una idea: ¿y si le llevaba de día de excursión a los lugares exactos donde vivieron sus antepasados?
Trazé la ruta yo misma y lo dejé todo por escrito en una carta. Por aquel entonces, nuestro antepasado conocido más lejano era Jean Dieudonné, nacido en 1625. Justo unos días antes del viaje, durante una última búsqueda, descubrí a alguien más: Gilles Dieudonné, nacido alrededor de 1590 en Carvin, a unos 500 km de distancia. De repente, nuestras raíces se remontaban aún más atrás de lo que pensaba.
Un viaje en el tiempo

Un día de primavera, salimos de Dörsdorf hacia Lorraine y volvimos a Saarland: Vergaville, Albestroff, Bettviller, Tholey, Scheuern, Dorf. A cada parada, los nombres y las fechas se convertían en lugares reales: campanarios, senderos, cementerios.

En cada iglesia antigua hicimos una parada. Muchos de estos edificios llevan en pie desde antes de que nuestros antepasados vivieran allí. “Ellos también estuvieron allí, definitivamente”, dijo mi padre. Encendimos una vela en cada una, en memoria de quienes ya no estaban y por el bienestar de los que seguimos aquí. Para él, un hombre de fe, era más que un simple gesto: era una manifestación silenciosa, de que todos somos miembros de una misma familia.

También hubo momentos divertidos. Mientras estábamos por algún sitio de Francia, una patrulla se detuvo con las luces azules encendidas justo a nuestro lado: había dos personas de Saarland aparcadas justo delante de un cartel con el nombre del pueblo, y eso despertó la curiosidad de los agentes. Nosotros no hablábamos francés y ellos no hablaban alemán. Nos comunicamos usando las manos, los pies y el Traductor de Google. Al final, uno de los policías incluso nos hizo una foto y grabó un vídeo corto, con el coche patrulla y sus luces intermitentes de fondo. Hasta aquí la búsqueda en la tierra de nuestros antepasados.

¡El mejor momento de todos!

La verdad es que mi padre es un tipo fuerte. Pero ese día, el tema le conmovió de verdad. Incluso cuando leyó mi carta para empezar el viaje, se quedó impresionado. Acabamos el día cenando juntos en nuestro pueblo natal, Dörsdorf, en la posada “Zur Starz” —que lleva abierta aproximadamente desde 1870 y donde también se habían alojado sus padres—. Cuando volvimos a casa, me dio un fuerte abrazo y solo dijo:
“Gracias por este maravilloso día.”
Para mi, todo queda reflejado en esta imagen. Un hombre quien nunca tuvo la oportunidad de conocer a su padre, se encontraba ahora en los mismos lugares donde sus antepasados vivieron, amaron y empezaron de nuevo una y otra vez. Los nombres y las fechas del árbol genealógico ya no eran simples datos, sino personas con historias. Y él era uno de ellos.
La búsqueda sigue
Hace bastante que dejé de hacer esta investigación solo pensando en nosotros. Gracias a una pequeña coincidencia de ADN, de solo un 1,9 %, encontré a una pariente lejana cuya familia desconocía el origen de su árbol genealógico; pude regalarle un árbol completo. Esos son los momentos que más disfruto.
Gracias a la numerosa familia de mi padre, el apellido Dieudonné sigue vivo. Y mi búsqueda no ha terminado: todavía hay pistas por explorar, formas antiguas de escribir el apellido y pistas que quiero seguir. Puede que algún día alguien de Francia se ponga en contacto conmigo, tras haber redescubierto a nuestros antepasados de su propio árbol genealógico.
Si hay algo que he aprendido, es esto: un árbol genealógico nunca es una simple recogida de fechas. Es una forma de mostrar a tus seres queridos de dónde vienen —y, así, regalarles algo que permanecerá para siempre—. Pude regalarle a mi padre precisamente eso en su cumpleaños número 85: ¡400 años de historia familiar, concentrados todos en único día!
Muchísimas gracias a Anne y a su padre, Aloysius, por compartir esta conmovedora historia con nosotros. Si tú también has hecho algún descubrimiento especial con MyHeritage, nos encantaría que nos lo contaras. No dudes en enviarnos tu historia por correo electrónico a stories@myheritage.com.

