¿Cómo se lavaba la ropa en el s. XVIII?

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Antiguamente lavar la ropa era una tarea de un día entero y algunos sacrificios. Aunque muchas personas opinan hoy que un buen regalo para una mujer no es lavadoras de última generación, hace unos años atrás esto hubiera sido una verdadera bendición para una madre de familia encargada de cocinar, fregar, limpiar la casa, cuidar de los hijos, acarrear el agua, remendar la ropa, etc.

Aunque las primeras lavadoras se ofertaban desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial, es común que hasta 1960 no hubiéramos visto este aparato moderno. El primer gran adelanto fue tener agua corriente y luego de esto la electricidad y en los hogares acomodados, una lavadora.

Autor: CASIMIRO SAINZ SAIZ ( Matamorosa-Cantabria 1853 - Madrid 1898)

La ropa estaba mucho más sucia que la actual, porque la higiene personal era menor al no haber agua corriente. Acarrear el agua para los distintos usos incluso el de dar de beber al ganado consumía mucho tiempo debido a la distancia a la que se encontraba la fuente de agua y la frecuencia del uso cotidiano para cocinar, limpiar, beber, etc.

La mayoría de las mujeres acudían al río para lavar la ropa, pero era parte de un proceso largo y muchas veces de más de un día. Las pilas o los lavaderos surgieron con posterioridad (finales del siglo XIX) como iniciativa municipal donde se pagaba una cantidad de dinero, lo más corriente era ir al arroyo, río o charca. La legislación municipal era categórica ya que era peligroso que se lavara la ropa de enfermos, que en muchos casos era imperativo quemarlas, y que esa misma agua fuera usada por el ganado o consumo humano propiciando epidemias. Se multaba a las mujeres que lavaban donde estaba prohibido, muchas veces por la exhibición indecorosa del cuerpo. Era común verlas con ropa liviana, arremangadas las faldas, mostrando más que lo que el dictado de la época y la moda aconsejaban para una mujer respetable.

En la descripción histórica y geográfica de los lugares es imprescindible El Diccionario Geográfico Estadístico de España y Ultramar de Pascual Madoz quien describe en los diferentes distritos de España dónde se lavaba y se surtía de agua a la población. En este caso en Badajoz,  Fuenlabrada de los Montes :

“FUENLABRADA DE LOS MONTES: v. con ayunt, en la prov. de Badajoz (29 leg.), part. jud. de Herrera del Duque (1), aud. terr. de Cáceres (22), dióc. de toledo (22), c.g. de Estremadura: SIT. en una cumbre ó loma que corre de E. a O., rodeada por unas sierras, que á la dist. de menos de ¼ leg. la dominan por el N., E. y S.; goza de CLIMA templado, reinan los vientos del O. y se padecen fiebres catarrales, que algunas veces degeneran en pleuresias, intermitentes y remitentes: tiene 316 CASAS bien distribuidas en lo interior, de 5 varas de altura en lo general, que forman una plaza de 60 plazos de long. y 40 de lat. con un soportal que contienen las casas consistoriales, pósito con 1540 fan. de existencia, cárcel y carneceria; las calles son cómodas, regulares, bien empedradas y limpias: hay un establecimiento de beneficencia, llamado Memoria del Hospital, dotado con diferentes pedazos de tierras para el socorro de los enfermos pobres; una escuela de primeras letras, dotada con 1320 rs. procedentes de una ant. fundacion en Villarrubia de los Ojos de Guadiana (Ciudad-Real), y la retribucion de ½ fan. de trigo por cada uno de los niños que no son pobres, y asisten 55; una igl. parr. dedicada á la Asucion de Ntra. Sra., curato de segundo ascenso y provision ordinaria, y en los afueras la ermita de Sta. Ana, la del Calvario y el cementerio que no perjudica á la salud; se surte de aguas potables de una fuente pública que tiene 2 surtidores, y su pilon da agua á otros dos que reciben la sobrante y estan destinados para lavar la ropa; a mayor dist. hay un pilar para abrevadero, y en todas las casas se encuentran tambien pozos para los usos domésticos.”

La Tabla de Lavar y la Tajuela fueron posteriores considerándose casi un invento moderno junto al jabón. Crédito imagen: elrollodecepeda (modificada)

Debía tenerse cuidado del sitio donde se dejaba la ropa sucia para ser lavada con posterioridad, porque podía ser comida de las ratas. Así es como se colgaba de unas varas para estar ventilada o se guardaba en un arca de madera.

Cuando hacía buen tiempo se sacaban “los trapos sucios”, separándolos por el nivel de suciedad y el tipo de tela. El primer día se restregaban las prendas y se remojaban. El remojo con cenizas y agua caliente debía hacerse en las casas y era llamado “la Colada” (separar las impurezas de las cenizas mediante un saco colador). Este procedimiento podía repetirse hasta unas 6 veces y con los restos resultantes, la lejía, se aprovechaba para fregar los enseres de metal. Este largo procedimiento era aconsejado no sólo para blanquear la ropa sino para quitar la grasa corporal.

Al día siguiente de colada la ropa, aún húmeda se llevaba al lugar donde se le quitarían las impurezas. Es decir, pasarla por agua limpia. Para ello e transportaba la ropa en la cabeza sobre el rodete – Rosca de lienzo, paño u otra materia que se pone en la cabeza para cargar y llevar sobre ella un peso – teniendo que tomar descansos, sobre todo cuando la caminata era de algunos kilómetros.

Con el progreso aparecieron los jabones y lejías químicos que hicieron que este proceso de dos o tres días quedara en uno y se llevara la ropa directamente al río buscando una piedra plana o la tabla de lavar que favorecía la operación del fregado, estregado o refregado como era llamado comúnmente.

Para el secado de ropa, según la zona, o bien se colocaban las piezas directamente sobre el césped, dándole el sol directamente, apisonado con algunas piedras.

El lavado de ropa era la ocupación más penosa por estar todo el tiempo al aire libre, se realizaban grandes esfuerzos físicos y las enfermedades desarrolladas ya sea porque se sumergían las piernas hasta las rodillas, la posición de la espalda y el frío del agua invernal (muchas veces debía romperse el hielo con una piedra para poder lavar).

Tener las ropas empapadas durante largas horas producía desde catarros, reuma, pulmonía, bronquitis y también afecciones a la piel. Las manos a menudo sangraban, y estaban sembradas de sabañones provocados por el frío y la humedad.

Además de hacerlo para la familia, ser Lavandera fue uno de los oficios femeninos que permitió a las mujeres ayudar al sustento de la familia.

Durante la redacción de este artículo acudió a mi mente un recuerdo inesperado… mi abuela me dijo que su abuela era lavandera del Cónsul del Perú en Chile. ¿Un rastro más para seguir investigando?

Con los ojos llenos de lágrimas, agradecida por el trabajo de estas mujeres, terminé el día pensando en mis antepasados. En mi familia.

Fuentes:

Manual de la Lavandera. Instrucciones para lavar todo tipo de ropa. Memoria Chilena

-El oficio más molesto, más duro: El trabajo de las lavanderas en la España de los siglos XVIII al XX. Carmen Sarasúa. Historia Social.

El Lavado de Ropa en el Folklore Asturiano.

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  • silvia ramos valencia


    septiembre 17, 2015

    no pues yo vivi esa epoca, de lavar ropa de cada quien en la casa llevandola al rio que esta cerca aun, mi mama lavaba ajeno, asi se decia y planchaba ajeno a gente adinerada estoy hablando de 1951 cuando naci, de ahi creci, viendo lavar a mi mama, veia como toda la gente pobre acarreabamos agua para las plantas, y fregar trastes, tomar el agua de rio, de pocito para salir clara. soy del estado de guerrero, localidad tecpan de galeana, guerrero. En 1958 llego llegó el agua entubada a mi pueblo, por fin pero seguimos en el rio lavando para mas comodidad de limpiar bien la ropa y bañandonos en el gran rio bonito de tecpan

  • charo


    septiembre 18, 2015

    Pobres criaturas, con aquellos ropajes, aquellos cinturones de castidad, al ir el esposo a las cruzadas, y guerra,¡¡ no me lo imagino!! ¡¡ que olor!!! Bendita la época donde he nacido.

  • graciela


    septiembre 18, 2015

    excelente articulo

    • Sonia Meza


      septiembre 18, 2015

      Gracias, Graciela 🙂

  • manuel alonso.


    septiembre 19, 2015

    Mi madre (1918-2009) contaba que su bisabuela, que vivió los tiempos de la Intervención Francesa en México (1862), decía que las esposas de los soldados franceses creían que los metates se usaban para…¡lavar la ropa!

  • Maria Elena Fuentes Rodriguez


    octubre 15, 2015

    Muy interesante esta información y en verdad se agradece el haber nacido en esta epoca. Definitivamente hay mas comodidad, y más cuando se piensa en todo el proceso que requería el lavar, mis respetos y mi admiración para esas mujeres. Gracias Sonia por esta investigación.

    • Sonia Meza


      octubre 15, 2015

      Por nada Maria Elena, es cierto que podemos apreciar y estar agradecidos de haber nacido en esta época con tantos adelantos. ¡Buena semana!

  • Saturnino Caraballo Díaz


    noviembre 12, 2016

    LAVADEROS DE LOS CAMPOS CORUCHOS

    En rupestres lavaderos
    de manantiales ignotos,
    desde los tiempos remotos
    tenían sus tendederos.

    Covanillo a la cintura,
    llenos de ropas revueltas,
    ya cansadas, ya resueltas
    en busca del agua pura.

    Las charcas en el invierno
    tapizadas por el hielo,
    con visión de desconsuelo
    producían frío interno.

    En el borde arrodilladas
    del pastizal de las charcas,
    se destacaban las marcas
    sobre las manos hinchadas.

    Sobre una lancha la ropa
    vigorosas la lavaban,
    y ver que pronto acababan
    y en casa cocer la sopa.

    La tendían sobre arbustos
    o sobre piedras roqueñas
    dédalos de nuestra peñas
    arquitectas de sus gustos.

    En pompas vuelto el jabón
    deslizaba la corriente,
    corriendo a tambor batiente
    arrastrando algún calzón.

    Los campos eran ornatos
    de mujeres lavanderas,
    adorno de sus praderas
    narradoras de relatos.

    Las charcas en primavera
    circundadas por las flores,
    explosión de los colores
    alfombrando su ribera.

    Las alegres campanillas
    y las blancas margaritas
    y plantas hermafroditas
    mosaico de maravillas.

    Lavanderas bajo el «Puente»,
    que os contempló en el trabajo,
    deslizándose hacia el Tajo
    siempre que tuvo corriente.

    En el «Mancho» lavanderas
    y también en «Canto el Guarro»,
    donde siempre tuvo barro
    y jamás hubo veredas.

    Los covanillos colmados
    con la ropa bien oliente,
    volviendo resplandeciente
    a los tálamos amados.

    Ropas airearon vientos
    sobre las pardas campiñas,
    y adornaron nuestras viñas
    atuendos de Cenicientos.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

    • Sonia Meza


      noviembre 23, 2016

      ¡Precioso! Gracias.

  • Saturnino Caraballo Díaz


    diciembre 18, 2016

    EL LAVADO DE LA LANA DE LOS
    NOVIOS EN CENICIENTOS

    Grasientos vellones de sucia lana
    dentro del esparto de los serones,
    de esquileo ovejuno en corralones
    se hallaba en la charca muy de mañana.

    Y mucha gente moza, alegre y sana
    en el «Mancho» lava entre emanaciones,
    la lana virginal de sus colchones
    de noche de bodas que está cercana.

    Al viñedo aroma la caldereta
    que borbolleando crepita al fuego,
    y las buenas nuevas cruzan los vientos

    que endomingados en la plazoleta,
    atrio de la iglesia y lugar de juego,
    boda corucha habrá ya en Cenicientos.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho