5 Pruebas de Embarazo de nuestros Antepasados… Y Unos cuantos Mitos

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En la actualidad, los test de embarazo son accesibles, rápidos y precisos. Cuando sospechamos de la posibilidad del embarazo, el procedimiento es tan sencillo como comprar uno, recoger la muestra y esperar unos minutos.

Pero no ha sido siempre así. Desde hace siglos, las futuras madres y padres han querido saber si estaban esperando un hijo e incluso averiguar si se trata de un niño o una niña. Y recurrían para ello a métodos y costumbres que se basaban en creencias populares y viejas tradiciones, unas ciertas, otras a medias y muchas de ellas… totalmente falsas.

¿Cuáles eran los mitos más comunes sobre los embarazos? Pues había de todo tipo, algunos muy curiosos. Por ejemplo, nuestros antepasados creían que era más fácil que la mujer diera a luz si había Luna Llena, si mantenían relaciones sexuales e incluso… ¡comiendo alimentos picantes!

Más conocida es la creencia que indica que si la embarazada tiene antojo de comer dulce, dará luz a una niña, mientras que si le apetecen alimentos salados es porque su hijo será varón. También se pensaba que las náuseas eran un indicio seguro del sexo del bebé. En concreto, si la futura madre sentían náuseas por la mañana es porque estaba esperando una niña y, de no ser así, sería un varón. Además, si notaba acidez, esto indicaba que el bebé nacería con mucho pelo.

Todos estos mitos carecen de fundamento científico pero, al fin y al cabo, son inofensivos y no responden más que al deseo de anticipar el género del bebé que estaba en camino. Un deseo que, como decíamos, han sentido desde hace siglos las madres y padres de cualquier época y civilización.

Como prueba, he aquí cinco “pruebas de embarazo” que nuestros antepasados tomaban por seguras:

  • Test del trigo y la cebada: Esta prueba casera procede del antiguo Egipto. Para hacerla se debía orinar sobre las semillas de trigo y cebada durante varios días. Si lo que brotaba era el trigo, entonces se tendría una niña y si por el contrario, era la cebada, iba a ser la feliz madre de un niño. Si ninguno germinaba resultaba que no estaba embarazada. Lo mas curioso fue que posteriormente se comprobó mediante laboratorio que el 70% de las veces funcionaba correctamente.
  • Test de la rana: Este método fue popular en la década del 40 y consistía en que se inyectaba orina en una rana y ésta produciría huevos en unas 24 horas. Si esto sucedía, efectivamente la mujer estaba embarazada.
  • Test de la mirada: Un médico llamado Jacques Guillemeau del S.XVI decía que podía saberse mirando a una mujer si estaba embarazada. Parece ser que los ojos pueden cambiar durante el embarazo pero él afirmaba que en el segundo mes una mujer embarazada tenía los ojos hundidos, las pupilas pequeñas con los párpados caídos y pequeñas venas visibles.
  • Orina profética: Antiguamente ya se sabía que la orina presentaba diferencias al tratarse de una mujer embarazada o una mujer que no lo estaba. Los expertos que profetizaban con la orina reconocían estos cambios y podían determinar el embarazo a partir del olor y color de la orina. Incluso algunos la mezclaban con vino y observaban los resultados. Con posterioridad hemos conocido que el alcohol puede reaccionar a las proteínas presentes en la orina. Estos profetas iban aún más allá determinando si el propietario del líquido elemento estaba enfermo sin saberlo.
  •  Síntomas de Plinio: Para Plinio, (23 al 79 d.C)  podía aparecer a partir del 10º día dolores de cabeza, vértigo, pérdida de visión, repugnancia por los alimentos y dolores de corazón.

    ¿Conocías una o más de estas pruebas? ¿Utilizaste alguno de los métodos mencionados para saber el sexo de tu hijo? Cuéntanos tu experiencia o la tradición que se compartía en tu familia… ¡y si te funcionó!

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  • Amalia Sanchez


    agosto 16, 2017

    En Mexico una practica para saber el sexo de bebe es colocar una cadena con un dije (preferentemente religioso) sobre la palma de la mano de la futura mamá sin tocarla, si la cadena se mueve en circulos será una niña, si se mueve de arriba a hacia abajo será un niño.

    • Sonia Meza


      agosto 16, 2017

      ¡Muy interesante Amalia!