21    Oct 20102 Comentarios

Errores frecuentes al investigar la historia familiar

Volviendo al artículo llamado “En busca de los antepasados” decidí escribir un post a parte acerca de los errores que los genealogistas consideran más frecuentes cuando las personas realizan una búsqueda familiar. Los errores más comunes son:

El lenguaje

A medida que la investigación genealógica retrocede en el tiempo, pueden surgir dificultades para interpretar la letra, el lenguaje o las abreviaturas utilizadas en los documentos que se investigan. A veces, como consecuencia de las migraciones protagonizadas por la familia, pueden aparecer palabras en otras lenguas vernáculas que conviene interpretar correctamente para no confundir, por ejemplo: un oficio con un apellido.

Los apellidos

El orden de los apellidos ha ido variando según los momentos históricos y según las costumbres de cada lugar. Uno debe verificar con distintos documentos la identidad de cada persona, pues a veces una mujer que enviudaba cambiaba de apellidos al volver a casarse y sus hijos figuraban con distintos apellidos; también había personas que cambiaban de apellidos y tomaban los de los parientes lejanos por cuestiones de herencia o mayorazgo….

Los nombres

La repetición de nombres dentro de una misma familia también puede inducir a muchos errores, pues hubo épocas, como el siglo XVII, en que, para preservar la continuidad de un determinado nombre familiar, varios hijos se llamaban igual – Juan el mayor, Juan y Juan el menor, por ejemplo – y además coincidían con el padre, el abuelo y varios tíos; otras en las que se inscribían a los vástagos con un nombre oficial pero luego se les llamaba por un alias o tomaban el nombre de un pariente que fallecía…

Lugares

Otro error frecuente es equivocar lugares geográficos, bien porque hay dos lugares próximos que se llamen igual, porque hayan cambiado de denominación o porque la familia se trasladase de zona.

Paternidades ficticias

A veces los padres ponían sus apellidos a los descendientes de una hija soltera, y eso puede inducir a error.

Las fechas

Conviene verificar con cuidado las fechas, pues a veces las que nos facilitan los familiares vivos para iniciar la investigación, son sólo aproximadas. Otras veces, las fechas permiten identificar a quien buscamos entre parientes homónimos. Los especialistas dan algunas pistas: entre generación y generación se calculan aproximadamente 30 años, y se estima que viven unos 20 desde que tienen hijos.

Documentación

Nunca hay que confirmarse con un único documento de verificación, pues podemos tener un único certificado de matrimonio de una persona que luego enviudase y volviese a casarse. Y es comparando documentos como podemos detectar y solventar errores en fechas, nombres, apellidos, o lugares.

Esperamos que estos consejos sean de gran ayuda. Si usted tiene algún otro consejo nos encantaría que comparta con todos nosotros dejando un comentario al final de este post.

Comentarios (2) Trackbacks (0)
  1. muy buenas recomendaciones.Tarea dificil cuando los familiares se cambiaron el nombre y hasta el apellido ho lo modificaron.
  2. mucha gente piensa que a travez de la genealogía, se buscan parentescos o blasones, creo que no es asi,somos lo que somos, nada ni nadie puede cambiar eso.- Creo mas bien que en la historia familar podemos encontrar respuesta a determinadas conductas, por ejemplo, valentía - cobardía, aventura - sedentarismo, ingenio - apatía, esfuerzo - indolencia - Intuitivamente creo que por herencia se reciben genes que muestran una tendencia, no un camino, en las generaciones.-

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