Memorias Familiares de Australia

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Este es un post escrito por nuestra invitada Shauna Hicks. Ella es genealogista profesional, ex archivera, bibliotecaria y ha estado investigando su propia historia familiar desde 1977. Shauna trabajó en el gobierno durante más de 35 años en bibliotecas y archivos de Brisbane, Canberra y Melbourne. Desde que se retiró, ha escrito una serie de guías de historia familiar y es una ponente habitual en cruceros genealógicos, conferencias y seminarios. Ahora dirige su propio negocio a tiempo parcial y es la autora del blog Diario de un Genealogista Australiano.

Agosto es el Mes Nacional de Historia Familiar en Australia. Es un momento en que todo el mundo está pensando en la historia familiar con múltiples eventos en archivos, bibliotecas, sociedades de genealogía e incluso por Internet. Este mes de agosto es más significativo para mí, ya que mi madre entró en una residencia de ancianos a finales de junio y pasé el mes de julio limpiando su casa y repasando sus cosas ( la foto de arriba muestra los recuerdos que encontré en el armario de mamá; Llaves y tarjetas, mis fotos y tarjetas de bebé, vestido de boda de mi madre y más). Esta no fue la primera vez que he hecho esto para un miembro de la familia, así que sabía qué esperar. No es fácil pasar a través de los objetos personales de otros.

La autora y su madre a mediados del año 1970. Cortesía Shauna Hicks.

Mi hermano estaba allí también y compartimos recuerdos familiares mientras examinábamos la vida de nuestra madre y las cosas que había guardado durante tantos años. Mamá hizo una gran limpieza cuando se mudó y redujo el tamaño de sus pertenencias después de que papá murió hace 21 años, pero todavía había cosas que databan de su adolescencia. En la parte trasera de un cajón de la cocina había un diario que mamá había empezado cuando tenía apenas 13 años. Comienza  así: “hoy Mervyn y yo nos besamos por primera vez” – siempre habíamos sabido que nuestros padres habían sido novios de toda la vida, pero de alguna manera estas palabras escritas hacía mucho tiempo lo hicieron mucho más real para nosotros.

En la parte posterior del armario de la despensa, había tarros de cristal, todavía con la decoración de su torta de boda dentro. También ramos de flores (ahora secas) de la boda que hemos reconocido en fotografías. ¿Por qué Mamá se aferró a ellos durante todas estas décadas? ¿Alguien todavía lo hace? Ni mi hermano ni yo queríamos conservarlos  y por ello han pasado a mejor vida.

El armario de cristal en donde exponía su vajilla más bonita tenía todavía muchos de sus regalos de boda porque eran demasiado buenos para utilizarlos a diario. Ahora nunca serán estrenados, ya que el mundo de hoy no utiliza juegos de té, platos decorados de oro o vasos igualmente pintados. Si no puede usarse en el microondas o el lavavajillas no queremos nada que tiene que ser cuidado extremadamente. Pero de alguna manera sentía que no podía simplemente tirarlos o llevarlos a la tienda de segunda mano local . Ahora el dormitorio transero está lleno de cajas con cosas de mamá.

En el armario había un vestido solitario – Mamá sólo llevó pantalones y camisas por décadas. Cuando se le preguntó por qué había guardado ese vestido, ella dijo: “Ese es el vestido que usé para la boda de tu hermano”. Efectivamente, un chequeo rápido de fotografías confirmó que mamá había usado ese vestido. Ella quería llevarlo a su residencia de cuidado de ancianos en caso de que necesitara un vestido, pero mamá ha “encogido” en los últimos años y no hay forma de que pueda volver a usar ese vestido.

Mi hermano y yo no tuvimos tiempo de mirar todos los álbumes de fotos y fotos sueltas así que las pusimos en una caja y están también en el dormitorio. En algún momento planeamos reunirnos para intentar identificarlas y proporcionar algún texto que explique cuando y donde las fotos fueron tomadas. Fotos de vacaciones, fotos de la niñez, instantáneas de viaje, nietos, amigos, y vecinos – sin duda los recuerdos de la familia nos inundarán cuando comencemos a clasificar las fotos.

Santuario Lone Pine Koala, Brisbane, alrededor 1960. Cortesía Shauna Hicks.

Sólo espero que nadie quiera visitarnos en un futuro próximo ya que no hay habitación disponible. Necesito encontrar un lugar para ponerlo todo. Paseo por mi casa y ¿qué veo? Hay vasos de cristal en el aparador que son demasiado buenos para usar en caso de que uno se rompa, hay una sopera preciosa que mis padres me dieron como regalo de bodas, la utilicé una o dos veces y luego la guardé para evitar que se rompiera (sin mencionar que no quería arriesgarme con el lavavajillas), interminables recuerdos de nuestros viajes y las diferentes casas en las que hemos vivido y un vestido en el armario. No, no un vestido de novia, sino uno comprado para una ocasión especial en los años 90 y usado para otros eventos especiales a lo largo de los años. Ese vestido ha estado allí conmigo en los momentos más importantes de mi vida, pero su significado se pierde cuando nadie más sabe las historias detrás de él.

Lo que me lleva a la siguiente pregunta – ¿cuántos de nosotros grabamos nuestras propias historias para transmitir a las generaciones futuras? Pasamos innumerables horas rastreando a nuestros antepasados para tratar de aprender cada pequeña cosa que podemos encontrar sobre ellos. Queremos saber más que su nombre y fecha de nacimiento y muerte. ¿Quiénes eran y qué pensaban? También nuestros descendientes querrán saber de nosotros, sí, puede haber imágenes digitales de nosotros en un teléfono o en una computadora portátil, pero ¿se transmitirán esas imágenes como las viejas fotografías en blanco y negro que ahora habitan mi dormitorio trasero?

Las paredes de mi cuarto oficina están cubiertas con menciones académicas, premios y logros enmarcados y orgullosamente colgados, pero nadie los ve nunca. Ellos representan mi vida – pero sin duda, cuando llegue el momento, serán tirados a la basura. ¿Cómo puedo contar mi historia ahora sin que suene como un obituario? ¿O espero a que alguien más lo diga después de que me haya ido – ¿cómo sabrán lo que quiero que recuerden?

Mamá se mudado a la residencia de cuidado de ancianos y ya no tenemos que preocuparnos tanto por su vida solitaria. No todo fue tirado – dimos cajas y cajas y cajas de cosas a la tienda de hospicio en Bribie Island donde vivimos. Los voluntarios nos agradecieron por nuestra generosa donación. En el momento de elegirlos, no sabíamos que también apoyan el centro de cuidado de ancianos donde mamá vive ahora. Fue una buena elección y mamá ha ayudado a los que ahora la están ayudando.

La historia familiar es el pasado, pero también es el presente y el futuro. Los recuerdos familiares una vez perdidos, se pierden para siempre. Tómese su tiempo ahora y piense en qué recuerdos familiares quiere ver en vivos en el futuro. Feliz Mes Nacional de la Historia Familiar en Australia.

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