Un test de ADN revela una búsqueda de décadas: La increíble historia de Maria Sonia y sus dos hijas desaparecidas.

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No existe un vínculo más fuerte que el que se crea entre madre e hijo. Tanto como para propiciar que una madre a la que le falte su pequeño, dedique cada instante de su vida a encontrarlo contra viento y marea. La búsqueda de Maria Sonia, una madre chilena a quien se le había privado de sus dos hijas desde que eran pequeñas, es la búsqueda de toda una vida. Una vida llena de penurias, sacrificios, plegarias y, sobre todo, sueños. Sueños en los que Maria Sonia abrazaba a sus dos pequeñas, ambas dadas en adopción o vendidas sin su conocimiento.

Sabía que en alguna parte de Europa estaba su pequeña Emma, la primera de sus hijas, pero ¿Cómo encontrarla después de tantos años, sin datos ni medios que facilitaran sus pesquisas? El empeño de su hijo Héctor:

“Mami, yo quiero encontrar a mis hermanas, yo quiero saber quiénes son mis hermanas”

y la ayuda de Hijos y Madres del Silencio, una organización internacional en la que miles de madres de todas partes se apoyan entre sí en la búsqueda de sus hijos desaparecidos obraron el milagro: ellas le invitaron a aplicar al programa DNA Quest, una iniciativa pro bono de MyHeritage mediante la que se donan kits de ADN a madres e hijos adoptados que busquen a su familia biológica para lograr su reencuentro.

El test de ADN de MyHeritage es la forma más sencilla y precisa de encontrarnos con familiares tanto lejanos como directos. Una simple muestra de saliva es analizada en un laboratorio y, tras recibir el usuario datos sobre los orígenes étnicos de sus antepasados, éste puede elegir compartir sus datos gratuitamente en una base de usuarios mundial. En el momento en que dos personas tengan un porcentaje de ADN en común, ambas reciben un aviso por si quieren contactar e investigar su relación familiar.

A Maria Sonia le facilitaron gratuitamente un test de ADN de MyHeritage, se hizo la prueba y tal y como recuerda, un día “le pregunté a mi hijo: ¿Ha dado resultado el ADN? No hay nada, mami. Y esa noche le pedí a Dios:

Yo quiero encontrar a mis hijas antes de que me muera, ya son mujeres, quiero estar con ellas”.

Al día siguiente, su hijo le mandó una foto por el celular, y al verla le dijo:

“no sé, hijo, se parece a ti cuando eras pequeño, no sé”, y él le respondió: “mami, pero si es tu hija, salió el resultado de ADN”.

Ema Wirsen, durante su infancia en Suecia.

La reacción no se hizo esperar:

“Lloraba, lloraba y no tenía palabras”

rememora Maria Sonia, en el programa de radio de Hijos y Madres del Silencio donde narraba su emotiva historia. “Bueno, ese día llorábamos todas. Es algo mágico”, apunta la vocera de la asociación, Marisol Rodríguez.

Emma, su primera hija, vive en Suecia y ambas viven con la ilusión del día en que se reencuentren físicamente.

Mientras, un segundo milagro llegó a la vida de Maria Sonia, con el hallazgo fortuito de la segunda de sus hijas. Madre e hija se encontraron personalmente por una casualidad del destino: aunque vivían a cientos de kilómetros la una de la otra, tenían amigos en común. Estos las pusieron en contacto al observar un gran parecido físico entre ellas, se reunieron y ataron cabos, pero aún faltaba la confirmación de que no sólo lo que recordaba una y los datos que podía aportar la otra, daban esperanzas que debían ser objetivas.  Posteriormente una nueva prueba de ADN  donada por MyHeritage confirmó el parentesco.

Maria Sonia y Sonia antes de tener los resultados del ADN que confirman que son madre e hija.

La extraordinaria historia de María Sonia solo podía tener unos protagonistas: una madre, unas hijas, y el ADN, el único medio de conseguir estos milagros de reencuentros que cubren con amor ausencias tan dolorosas.

¡Celebra junto con Maria Sonia, Ema y Sonia el reencuentro gracias al ADN!

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